¿Cuál es la patria
si el mundo se escapa entre mis manos?
¿Cuál es la propiedad
si en cualquier momento nos vamos?
Siendo un segundo de la vida de la humanidad,
y una milésima del universo, ¿qué dejamos?
miseria, podredumbre, indignidad;
un grano de esperanza por el que luchar.
Pies errantes que no encuentran su lugar;
se hacen de barro, manchados al pisar
tierras de aquí y de allá
que entre mezcolanzas
no se ve el origen ni el final.
Ciudadano del mundo,
solitario sin aposento al que le falta el aliento
pero nunca la tinta en lágrimas que derramar.
Pertenencia a un universo incierto
que manchamos al hablar,
pues damos significados
a lo que simplemente es realidad.
No soy, no eres, no somos divisibles,
somos seres invisibles en un todo
que explotó en sus inicios, y que,
palpita en el pecho a golpes
clamando como es soñar.
Somos un sueño expandido sin parar.
En esta superficie de materia,
ponemos límites donde no los hay.
Las fronteras son barreras en la mente.