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sábado, 1 de enero de 2011

DEJAR HACER

"A veces la gente se cruza en nuestro camino, comparten momentos de nuestra vida, tomemos el tiempo para escucharlos, para creer en ellos, quizá ellos formen parte de nuestros sueños"

René Mey


Desencadenado como una mota de polvo en el aire, llevado por el viento.

Las condiciones que se crearon un día, labran el hoy.

Fluyendo en sincronía, todo sucede, como una cortina en un escenario,

se destapa justo en el momento en que la función tiene que empezar.

Como no podía ser de otra manera, todo se dispone según lo pedido,

y se dispensa sin detalles para la sorpresa de un ojo atrevido,

mientras juega en el bolsillo con una entrada en blanco,

apareciendo el nombre de la actuación justo cuando cae el telón.

Discurre en pasos de zapatos desparramados

que han dejado huellas para ser pisadas, marcando un camino soñado.

Como una pieza que me falta puesta en el mundo.

Como una pieza que te falta puesta en el mundo.

Todo lo pedido siempre ha sido dispensado, lo que ocurre es por algo,

una señal que aparece en el momento que tiene que aparecer, ni más ni menos.

No se puede definir ni el qué, ni quién, ni cuando, ni cómo.

Solo esperar que lo que siempre has deseado, de repente aparece,

como por arte de magia, cae por su peso.


Para ello, la sincronía, el sí mismo, la serenidad, tienen que confluir en una inmensidad que esclarece la duda de todo razonamiento reflejando la plenitud y aflorando a la superficie todos los sueños; las montañas ya se ven colinas y las colinas, llanuras, en una energía que lo desborda todo, un reflejo de siluetas escritas con corazón, que conforman las letras para llegar al entendimiento, de un huracán del pasado a una suave brisa, que discurre con calma para no estropear los senderos. Los miedos del pasado acechan, aunque todo está tranquilo, ya no hay herida que pueda abrirse, ya no hay herida que pueda ser abierta, pues todo lo que sale del corazón no alberca dolor. Los sueños se cumplen, por que hasta estos se trabajaron, aderazados con un poquito de "buena suerte" (como diría Alex Rovira), una pizca de destino, llevados por la emoción y dispuestos a confiar en un dejar hacer.

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