Como gotas fluimos,
y un día, como un río, compartimos el mismo cauce,
a la vez en el tiempo, en un acorde unísono.
Desembocamos, dispersos en el mar, continuamos expandiéndonos,
quedando atrás lo vivido, pero en el presente lo compartido.
Lo que se aportó ayer es la inmensidad del hoy.
Unas gotas más cercas, otras más lejos,
pero como ondas en un estanque, en cierto modo conectadas.
En una superficie extensa, las distancias y los destinos se alejan,
pero en la memoria, el ayer, siempre fue el día anterior,
y la disponibilidad de la cercanía,
es cualquier momento en el que quieras llamar a la puerta,
pudiendo disponer siempre de una mano amiga.
Cuando el futuro llegue y por casualidad se crucen los cauces,
que suene la misma nota, aunque los instrumentos sean distintos.
El cambio es inevitable, pues el mundo está girando,
siempre en movimiento, somos libres de elegir:
estar parado o seguir el ritmo del universo.
Puestos a elegir, hay que seguir creciendo.
De gota a mar y de mar a pensamiento,
dejamos el legado en lluvia para los nuevos cimientos,
como el ciclo del agua: la humanidad.



