Sueño con tener dos compañeras de viaje, dos zapatillas deportivas,
una para cada pie y caminar sin parar por miles de parajes.
Deseo tener los recuerdos, ya no se llevan los carretes,
¿Dónde está el ojo fiel, esa lente que captura de la luz hasta el mismo ser?
Quiero guardar ahí la esencia, pasar el tiempo hasta cazar la imagen.
Volver a andar, fieles compañeras, y si no hay fuerzas coger un tren.
Atención a un presente pasajero, que tras segundos vuela,
captar el amanecer, las gentes, la noche, la luz de una vela.
La brisa del mar, suspiros, un café, lágrimas con aroma a canela.
Empezar, no terminar, encontrar encontrándome, en la paradoja del pasar,
para cuando llega el presente se ha esfumado y vuelta a empezar.
Divertido misterio, que juega con nosotros en un “pilla-pilla” interminable.
Se torna gracioso, se busca, se captura y se desvanece
y aunque permanece apresado en una estampa, sólo es la maravillosa retentiva del pasado.
Desde atrás, al futuro se unen los cabos, los nexos, generando ahora sentido.
Cómo una ilustración de escenas, se va convirtiendo en una película, una historia.
Con el juego, un paso va en busca del otro, y entre ellos destellos luz,
aprisionándola, dejando entrar más, menos, rápido y lento,
un flash que se aleja, queridas compañeras, un anhelo de un sueño.
Una maestra con grandes lecciones, con algo de poesía,
un alumno que apenas tiene ni compañeras, ni lente, sólo teoría.
Sin material, a la espera, una apetencia, una semilla, una nube que riega.
Imagen y texto bajo licencia:

http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/es/

Dedicado a Sonia, foto: Paseo Mediterraneo
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